jueves, 31 de enero de 2019

Por una sola noche

Había una vez una princesa, que quería encontrar un esposo digno de ella, que la amase verdaderamente. Para lo cual puso una condición: elegiría marido entre todos los que fueran capaces de estar 365 días al lado del muro del palacio donde ella vivía, sin separarse ni un solo día. Se presentaron centenares, miles de pretendientes a la corona real. Pero claro al primer frío la mitad se fue, cuando empezaron los calores se fue la mitad de la otra mitad, cuando empezaron a gastarse los cojines y se terminó la comida, la mitad de la mitad de la mitad, también se fue.


Habían empezado el primero de enero, cuando entró diciembre, empezaron de nuevo los fríos, y solamente quedó un joven.Todos los demás se habían ido, cansados, aburridos, pensando que ningún amor valía la pena. Solamente éste joven que había adorado a la princesa desde siempre, estaba allí, anclado en esa pared y ese muro, esperando pacientemente que pasaran los 365 días.

 

La princesa que había despreciado a todos, cuando vio que este muchacho se quedaba empezó a mirarlo, pensando, que quizás ese hombre la quisiera de verdad. Lo había espiado en Octubre, había pasado frente a él en Noviembre, y en Diciembre, disfrazada de campesina le había dejado un poco de agua y un poco de comida, le había visto los ojos y se había dado cuenta de su mirada sincera. Entonces le había dicho al rey:

- Padre creo que finalmente vas a tener un casamiento, y que por fin vas a tener nietos, este es el hombre que de verdad me quiere.


 

El rey se había puesto contento y comenzó a prepararlo todo. La ceremonia, el banquete e incluso, le hizo saber al joven, a través de la guardia, que el primero de Enero, cuando se cumplieran los 365 días, lo esperaba en el palacio porque quería hablar con él.


Todo estaba preparado, el pueblo estaba contento, todo el mundo esperaba ansiosamente el primero de Enero. El 31 de Diciembre, el día después de haber pasado las 364 noches y los 365 días allí, el joven se levantó del muro y se marchó. Fue hasta su casa y fue a ver a su madre, y ésta le dijo:

- Hijo querías tanto a la princesa, estuviste allí 364 noches, 365 días y el último día te fuiste. ¿Qué pasó?, ¿No pudiste aguantar un día más?

Y el hijo contestó:

- ¿Sabes madre? Me enteré que me había visto, me enteré que me había elegido, me enteré que le había dicho a su padre que se iba a casar conmigo y, a pesar de eso, no fue capaz de evitarme una sola noche de dolor, pudiendo hacerlo, no me evitó una sola noche de sufrimiento. Alguien que no es capaz de evitarte una sola noche de sufrimiento no merece de mi Amor, ¿verdad madre?

Cuando estás en una relación, y te das cuenta de que pudiendo evitarte una mínima parte de sufrimiento, el otro no lo hace, es porque todo se ha terminado
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jueves, 10 de enero de 2019

Cuando descubrí que era invisible


En esta empresa no hay cuadros y mis recuerdos están hechos una maraña, recuerdo aquellos reconocimientos que colgábamos a la entrada de la oficina, había unos muy bien elaborados diciendo que logré que fuéramos el mejor socio del año.Todos las cosas antiguas se han ido desapareciendo y yo, yo también me fui borrando sin que nadie se diera cuenta, primero me cambiaron de oficina porque la directiva cambió, después me pasaron a otra más pequeña aun acompañado de mis viejas laptops que un día tanto me ayudaron. Ahora estoy sobre el pasillo, mis viejas máquinas dan un mal aspecto al visitante, espero algún día me las cambien, la otra tarde caí en cuenta de que mi voz también había desaparecido, cuando doy alguna idea o comentario, no se toma en cuenta, no me oyen, no me miran, no me invitan.Entonces con mucha nostalgia me retiro a tomar una taza de café la cual  me acompaña desde la mañana hasta la hora en que tiempo de salir.A veces suelto sarcasmos para llamar la atención y vean que aun mis comentarios pueden ser valiosos, pero nadie los escucha, mi voz desapareció. Un viernes nos avisaron que la semana siguiente iniciaban las capacitaciones para el área, me emocioné y me llené de alegría, llegó el lunes y fui el primero en llegar y ayudar a acomodar la sala de curso, me sorprendió mucho que el único nombre que no aparecía en esos cursos era el mío, alomejor se les olvidó, o tal vez porque no era necesaria mi presencia, y así ocurrió curso tras curso, reunión tras reunión y comprendí que me volví invisible. Pero un día llego una persona, su alegría desbordaba por sus poros, una sonrisa, una chispa, una buena vibra y vi que acababa de llegar y también era invisible, no la veían y compartí tiempo en un almuerzo, eso fue maravilloso, descubrí que es alguien muy intelectual, con ánimos y gran fuerza para vivir. Tras varios almuerzos me inyectó nueva fuerza y vi que no había desaparecido, solo estaba polvoso por aquella cueva en la que me metió el sistema. Me inyectó ánimos, fuerza, esperanza y volví a tener luz propia, comencé a tener voz nuevamente y ya no me sentí invisible.Pero un buen día la llevé a conocer la cueva donde me refugiaba y allí mismo me dio un patada y me encerró, no sabía el porqué, nunca supe que le hice, al final comprendí que como los leprosos no me quería más a su lado, el que se junta con invisibles se vuelve invisible.  Comprendí que para algunos amigos me volví invisible. Hoy me di cuenta de algo, el ser invisible tiene sus ventajas. Los invisibles encontramos gente invisible, los invisibles podemos hacer lo que los visibles no pueden, los invisibles tenemos tiempo de crear e innovar mientras los visibles siguen en su monotonía. A los invisibles se les invoca cuando los visibles tienen grandes problemas y debemos ayudar a resolverlos. El visible es envidiado, el invisible no, el visible previene el invisible sorprende. Del visible extrañan su presencia, del invisible resienten su ausencia.

Hoy me quedo aqui, en la invisibilidad, el anonimato, porque lo que no se ve causa mayores estragos dijo Pasteur.

Donde los ocultos sorprenden sin aviso, donde los invisibles estamos en paz.

 De nada sirve que seas visible a todos, si con tus actos eres invisible para Dios.
 Así que prefiero ser visible a Dios e Invisible al mundo.


No sé cuando


No sé cuándo te comencé a querer, pudo ser cuando nuestros saludos se convirtieron en horas de charla.O tal vez cuando aquel día que por más que trataba mis ojos no podían dejar de mirarte.Pudo ser cuando luego de estar unas horas juntos en aquellos desayunos, sentí que no podía separarme de ti.O quizá cuando había pasado un tiempo sin verte, desperté y mi corazón no latía con la misma fuerza y alegría como cuando estoy contigo.Quizá en aquella carrera, en la que no me importó el cansancio porque tu fuerza de atleta me llevó a concluirla y no desistir.Tal vez la tarde de museo, que me hizo descubrir cosas que tenemos en común, o los nevados terrenos de Aspen que al no tenerte a un lado la diversión no es igual.No sé cuándo te comencé a querer pero ya vives en mi corazón y no pagas renta…